Un blog de Ana Victoria Durruty.
Tradiciones, Prehistoria e Historia del Valle del Limarí - Chile, su gente, arte, artesanía, arquitectura de la ciudad capital Ovalle y de sus innumerables pueblos rurales, su flora y fauna, sus paisajes y sus cielos, su gastronomía, su vino y su pisco.
FONDART 2017
Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Región de Coquimbo, Convocatoria 2017.
Más que muchas palabras, la Feria Modelo de Ovalle invita a recorrer sus rincones con imágenes llenas de colorido que evocan aromas y sabores, en un verdadero paseo de los sentidos que, a ratos, permite retroceder en el pasado, llevándonos a redescubrir tesoros de la tradición agrícola y campesina del Valle del Limarí.
Antes incluso de ingresar al recinto de la antigua Maestranza que hoy alberga a esta tradicional feria ovallina, reciben al visitante los puestos de flores. Allí se pueden adquirir desde ramos para adornar la casa, hasta arreglos especiales e, incluso, coronas para honrar a los difuntos.
La feria de Ovalle, tiene su origen en un mercado al aire libre que durante muchos años, a partir de su formación hace ya un siglo en los inicios del siglo XX, se realizaba en la vía pública, en diferentes calles de la ciudad capital del valle del Limarí.
Desde 1987 está instalada en la antigua Maestranza de Ferrocarriles, y sus pasillos reciben la afluencia de gran cantidad de público, e incluso, en la actualidad, de turistas atraídos por su especial atractivo.
El atractivo proviene de enorme variedad de productos que es posible encontrar en sus numerosos puestos de comercialización. Y aunque en principio los frutos de la agricultura de la zona son los más apetecidos y destacan por su calidad, con el tiempo se han agregado numerosos otros rubros.
Verdadera maravilla marina: el sabroso y saludable cochayuyo.
Orégano a granel y cebollas en escabeche.
Ovalle una zona excelente para la producción de alcachofas.
Pepinos dulces, una exquisitez limarina.
Zona de ajíes y pimentones o pimiento morrón.
Aceitunas sin y con amargo (a la derecha).
Trigo mote, para el rico mote con huesillos.
Caminando y caminando, más allá de los locales con frutas y verduras, es posible encontrar muchos elementos no sólo para la vida en el campo, sino también en la ciudad, e incluso disfrutar un desayuno reparador, el almuerzo o un bocadillo para sobrellevar mejor el largo recorrido.
Aluminio y fierro enlozado, tradición campesina.
Aperos de hueso, elaborados en el Limarí y también de la zona central de Chile.
Una vez que se dejan atrás los grandes galpones, se encuentra la feria mayorista, donde es posible adquirir por sacos, bandejas mallas y cajones, productos distribuidos directamente por los productores locales.
Al retornar hacia el sector de puestos de minoristas, se encuentran a la pasada locales con venta de ropa usada, juguetes, disfraces, zapatos, muebles y una larga lista de otros bienes de consumo.
Ropa usada en buen estado, una alternativa para todo tipo de público,
En los pasillos de amplio galpón principal siempre es posible encontrar productos tradicionales como trigo mote, harina tostada, frutos secos, huesillos y descarozados, pasas de diversas variedades de uvas y, por supuesto, los infaltables quesos de la zona, en especial el que se elabora con leche de cabra.
Un recorrido a la feria no estaría completo sin pasar antes por el sector de las pescaderías, y sin tomar algunas fotos de los antiguos carretones que los ovallinos han observado en el lugar desde que poseen memoria.
Vista hacia el sur, desde el mirador en la cumbre más alta de la ruta Antakari.
Antakari es una ruta cordillerana que une el valle de Río Hurtado, en la Provincia del Limarí, con la ciudad de Vicuña, en el Valle del Elqui, y ha sido recorrida desde tiempos inmemoriales. Primero fueron los pueblos originarios de la zona, como los Molle y Diaguitas, luego siguieron sus pasos, los Incas y los conquistadores españoles. Actualmente es un lugar de soledades, cerca de las montañas y del cielo para aventureros que se atreven a emprender el recorrido, de preferencia, desde la primavera hasta las primeras lluvias del otoño, que lo vuelven casi intransitable.
La ruta completa incluye Andacollo, Samo Bajo, Hurtado y, desde ahí, 91 kilómetros de paisajes sobrecogedores, mientras el camino se empina entre cerros y quebradas, hasta llegar a Vicuña, en cuyas proximidades comienzan a verdear las laderas plantadas con vides.
Una vertiente que da vida.
En medio de ambas localidades –Río Hurtado y Vicuña- sólo de vez en cuando es posible cruzarse con otro automóvil, y divisar en alguna que otra vertiente, un cabrerío, propiedad de algunos de los crianceros que constituyen los escasos residentes de las proximidades del camino de tierra y piedras.
Al parecer Antakari es un toponímico que proviene de las palabras Anta –del quechua cobre o metal rojo- y Kari –que significaría varón de varones, o jefe, aunque es una palabra cuyos orígenes se desconocen-, y, en efecto, los cerros sorprenden con sus colores cobrizos, y el hombre que habitó o habita en esas latitudes, es en la práctica un señor de sí mismo, dueño de un universo de montañas solitarios y cielos estrellados.
Al fondo, hacia el poniente de la ruta y arriba, El Tololo,
Tanto así, que al poniente de esta ruta, que se encuentran varios observatorios astronómicos, el más importante y conocido de ellos, y que se divisa desde la ruta, es El Tololo.
El especial atractivo de Tulahuén
no sólo llena de orgullo a sus cerca de dos mil habitantes, sino que conquista
a quienes arriban hasta el pueblo, después de recorrer 76 kilómetros desde la
capital Provincial, Ovalle, llegando incluso a cobijar durante largos años al
más destacado fotógrafo chileno, Sergio Larraín. Él eligió este refugio cordillerano como su lugar
de residencia hasta su muerte -acaecida en Ovalle en 2012- y así lo hizo parte de su mito y su leyenda. Hoy sus restos mortales descansan en una sobria
tumba en el cementerio local.
Tumba de Sergio Larraín.
Subiendo el cerro, el antiguo cementerio de Tulahuén.
Sergio Larraín Echeñique, nació en 1931 en Santiago de Chile, y fue uno de los más connotados fotógrafos y miembro con pleno derecho, de la famosa agencia Magnum, adquiriendo renombre internacional a partir de la década de 1960. Su obra se encuentra en importantes museos, como el MOMA de Nueva York. Hacia fines de los años setenta, se trasladó a Tulahuén, donde se dedicó a practicar y enseñar yoga, escribir y meditar. Aún así, su libro más famoso, Valparaíso, apareció en 1991 aunque las fotografías que incluye fueron tomadas cuatro décadas antes.
La sencilla casa de Larraín en Tulahuén.
A la casa de Larraín se llega por referencias: no hay ni una placa conmemorativa.
Enclavado entre cerros, en
Tulahuén la luz es esquiva y allí oscurece más temprano que en las localidades
ubicadas más hacia el oeste de la comuna de Monte Patria, a la que pertenece
administrativamente, aunque su historia, que se remonta hasta la Colonia,
refiere que en el pasado fue parte de las comunas de Carén y Rapel,
sucesivamente.
Iglesia de Tulahuén en la Plaza del pueblo.
Plaza de Tulahuén con su reloj de sol.
Tulahuén es prácticamente una
localidad fronteriza –de hecho su escuela pública, fundada en 1888, se
llama Concentración Fronteriza de
Tulahuén- , y sus principales actividades económicas son la agricultura y la
ganadería de transhumancia. Para llegar al pueblo se debe avanzar por un sinuoso
camino de tierra, después de dejar atrás la calzada pavimentada que llega hasta
Carén, a unos 15 kilómetros de distancia hacia el poniente.
Su artesanía en Lapislázuli
recoge también las tradiciones de los pueblos originarios, cuyas
manifestaciones artísticas, tales como petroglifos, son parte de los encantos de la localidad, como la
conocida Piedra Campana. Antes de la llegada de los conquistadores españoles,
Tulahuén ya era un asentamiento indígena, aunque se considera que tiene 327 años de existencia
histórica, habiendo sido fundada en 1690.
También Tulahuén posee una larga
tradición en la elaboración de vinos y piscos, siendo en la actualidad el más
reconocido Waqar (ver página Vinos y Piscos), y el vino dulce de la Viña
Secretos del Valle.
Moderno arreo de ovejas por el camino de tierra en bicicleta.
Combarbalá, en el corazón de las montañas de Los Andes majestuosos, late con serenidad desde tiempos remotos, con su tradición cultural, agraria y minera intacta.
La capital comunal se denomina de igual modo Combarbalá, un toponímico sobre cuyo origen no existe unanimidad, aunque los pueblos originarios que habitaban el sector eran los Molles y, posteriormente, los Diaguitas. La ciudad se organiza desde su fundación oficial como villa San Francisco de Borja -nombre que conserva su antigua parroquia- de Combarbalá en 1789, en torno a una hermosa plaza de armas, con añosos árboles, una glorieta y una pila de agua decorada con motivos alusivos a los pueblos ancestrales.
Los dos cauces más importantes de Combarbalá son el río Combarbalá y el río Huatulame. Ambos aunque poseen un caudal escaso que se nutre de las aguas de deshielos de las nieves de las cordilleras cercanas y se ven afectados por períodos de sequía, son fuente de vida y de sustento para los habitantes de la comuna, que al igual que el resto de la Provincia del Limarí viven principalmente de la agricultura.
Río Combarbalá
Río Huatulame
Distribuidos en la extensa comuna de Combarbalá se pueden encontrar muchos pequeños poblados rurales, incluso en los sectores de secano y en remotas quebradas alejadas de los caminos.
Combarbalá se proyecta al futuro con su potencial turístico, con su bella artesanía en piedra Combarbalita (ver página Arte y Artesanía), una atractiva gastronomía y con proyectos interesantes como la observación astronómica.